La realidad, consecuencia de múltiples hechos, acciones y decisiones.

25 Oct 2013

El trabajo de oficina, como dirían nuestros abuelos, lleva acarreado por lo general y concretamente en mi caso estar sentado varias horas delante de un ordenador. Para contrarrestar esta situación y luchar contra el sedentarismo suelo salir fuera de la oficina a comer y a pasear un par de veces por semana.

El lugar seleccionado para realizar estas pausas laborales es uno de los centros comerciales  pioneros en nuestro país. La elección de este lugar en concreto y no de otro, aparte de que está muy cerca de la oficina, tiene su razón de ser y es que siempre me he declarado un amante de los centros comerciales. No sé si existirá el término "nativo comercial" pero yo lo he acuñado y por supuesto me considero uno de ellos.

 

Durante mis paseos por las avenidas, pasillos y secciones no solamente disfruto como consumidor buscando productos atractivos y ofertas irresistibles sino que también me gusta mucho observar. Disfruto viendo el comportamiento de los clientes, el trato de los dependientes e incluso me gusta identificar las estrategias y las técnicas de marketing utilizadas para atraernos como moscas a la miel hacia esos objetos otrora anónimos que ahora se antojan imprescindibles ante nuestros ojos.

Pues bien, la razón por la que estoy escribiendo estas líneas es que hace varios meses abrieron un "quiosco" en una de las avenidas del centro comercial que llamó de inmediato mi atención. No soy ningún experto en estudios de mercado ni en ventas ni en nada que se le parezca pero la primera vez que lo vi escuché una voz interior que me dijo "Mmmm eso no va a funcionar…".

 

A partir de entonces, durante mis paseos comerciales fue de obligado cumplimiento pasar por delante de este establecimiento a ver como estaba el percal. No sé si el dato que voy a enunciar será lo suficientemente representativo puesto que he pasado dos veces por semana durante unos tres meses a una hora bastante acotada pero puedo prometer y prometo que durante ese tiempo jamás vi a un solo cliente. Otra de las constantes que observé de forma reiterada fue la actitud del único dependiente, siempre apática, desmotivada y con cara de estar más aburrido que una ostra.

La última vez que pasé enfrente de esta tienda observé una escena que no pude evitar retratar con la cámara del móvil. El dependiente estaba sentado en la encimera, al lado del fregadero con los pies colgando jugando con el móvil y completamente abstraído de su entorno.

 

Esta escena fue el detonante de este artículo y la que hizo plantearme las siguientes cuestiones junto con las respuestas de un hipotético escenario.

¿Qué pensará un potencial cliente que pase enfrente de la tienda?

  • Aquí nunca hay nadie, debe ser caro.
  • Siempre está vacío, que raro, seguro que el producto no es bueno.
  • Vaya pinta de vago que tiene el dependiente, prefiero irme a otro sitio.
  • Cualquiera se acerca al mostrador, lo mismo el dependiente me muerde.

¿Qué pensará el dependiente?

  • Menudo aburrimiento, a ver si llega pronto la hora de cerrar.
  • Que bien se está sin clientes ni nadie que me moleste, puedo estar todo el día hablando por whatsapp con los colegas.
  • Jolín, con la poca caja que hacemos no sé cómo esto se mantiene... me da igual, mientras me paguen.
  • ¿Se podría hacer algo para vender más? Buah !, con lo poco que me pagan bastante hago con estar aquí.

¿Qué pensara el supervisor de la empresa?

  • No entiendo porqué no vendemos más, nuestro producto es buenísimo.
  • ¿ Quien es el responsable de expansión ?.
  • Como sigamos así vamos a tener que recortar en gastos de personal.
  • Este dependiente es un holgazán, le voy a despedir inmediatamente.
  • ¿ Quién es el responsable de selección ?.

Para cada una de las preguntas podríamos elaborar una lista infinita de respuestas bajo diferentes ópticas y puntos de vista. De hecho, la interpretación de esta escena es como la teoría del movimiento relativo en la que al final existen resultados distintos según el punto en el que se encuentre el observador.

Al final, lo que está claro es que la escena es real, consecuencia de diversos hechos, acciones y decisiones que cada uno de los observadores han ido tomando en momentos determinados y que en el fondo todo está relacionado. 

Somos responsables de las acciones y decisiones que tomamos desde nuestro puesto de observación pero no olvidemos que existen muchos más en los que podemos influir y son igual de válidos y respetables que el nuestro.